CUANDO TODO SUCEDE POR PRIMERA VEZ

En el principio la palabra, el verbo. Qué sucederá en nuestras cabezas cuando llega la primera palabra a alimentar lo que será un contingente que no parará nunca en nuestras mentes, en nuestras lenguas y en nuestros oídos. Qué sucederá hoy en estos niños y estás niñas que se aprontan para vivir sus primeras palabras por primera vez.

La literatura para niñas y niños, la Cenicienta de la gran casona Literaria, se viste de fiesta con las palabras. Sin embargo, hay un consenso generalizado que las mismas sirven sólo a fines del adulto lector, del adulto que puede y debe leer en los grandes libros hechos para grandes. Y ese pequeño libro que enseña una rima tempranera no es importante, ese otro que es de un cuento breve y sonoro, igualmente, carece de importancia.

La primera infancia es de estreno total. La primera vez para todo y no recordamos los adultos qué era eso de estrenar todo, hasta las palabras. Las palabras que nuevecitas llegan al oído que escucha por primera vez. Vale la pena que usted piense qué recuerdo quiere que ese niño o niña guarden de esas palabras. Vale la pena ponerse a pensar cómo será recordar un grito, un arrullo, un insulto, una nana. Qué sucederá en ese oído, que pasará en la formación del futuro hablante.

La gran casa de las palabras es habitada por todo tipo de sonidos que llegan por primera vez, moldean el oído y luego, seguramente el primer balbuceo. La concatenación y la rima forman y habitan esa primera vez con una musicalidad que no sólo transforman, sino que reproduce un ambiente dulce y bello para la palabra. Por eso nosotros los técnicos, formadores de mediadores de lectura, pedimos que el niño/a se meza en la cuna con palabras, en la teta con palabras, en el suelo gateando, con palabras. Y no importa la técnica, importa la intención de la palabra. Esa pequeña canción, esas rimas dispares y añejas, sólo importa el sonido, la reiteración y la musicalidad. La intención irá como extra, como valor agregado, porque quien entona y canta para los más pequeños posee en su vibración un algo que no puede ser engañoso: el amor.

Las palabras son un universo infinito para el niño/a en la Primera Infancia. Todas ellas son nuevas, a estrenar y producen un sentimiento que seguramente quedará grabado. Dependerá exclusivamente de quién las diga qué recuerdo guardará y qué enlace hará con ellas en el futuro. Las neurociencias nos han demostrado hace muy poco como el cerebro del niño/a actúa como esponja durante su primera parte de la vida. En esa esponja quedan también y por sobre todas las cosas, las palabras. El código primario de comunicación con la vida y el mundo entero.

Quiero dejar por aquí mi pregunta de por qué se trata a las cosas de menores como cosas menores, cuando ya los estudios nos han dicho que son las cosas más importantes de la vida. Quiero seguir por acá preguntando: por qué no tenemos un resguardo asegurado para que las palabras en la Primera Infancia sean las esencialmente bellas que irá poblando la siquis de nuestros pequeños. Por qué no hay una formación profesional o casera, como sea, en el retorno a la nana, a la poesía, a las rimas todas, a las palabras cortas y sonoras que pueblen, habiten, se escurran y caigan como rocío en las lenguas que se irán desatando poco a poco, con intención de no parar.

Qué hacer. Entre tanta tecnología y luz, color, sonido, donde habitan las palabras para los pequeñitos, esas esponjas que un día, serán los ciudadanos de este mundo.

La intencionalidad de este escrito es alertar, avisar, de que el tiempo dedicado al pequeño para hablarle, cantarle, contarle, es tiempo dorado. Se ha comprobado que el cerebro humano capta más en sus primeros tres años de vida que en los diez que le siguen. Y ellos, ellas, tienen derecho a gozar de las bellas palabras escritas o no, en libros, en canciones, en la memoria del grupo familiar.

No es poca cosa darse cuenta que estamos iniciando el camino de un futuro hablante, que las huellas que les dejamos hasta los tres años formarán parte de su comunicación, de su hacer con los demás y también, de la importancia que tengan la lectura, la música en su vida futura.

La primera infancia ha sido durante años un vacío total de contenidos artísticos: pues ya no podemos seguir hablando como si fueran los bebés de hace cincuenta años. Estos niños a los dos años prenden un celular. Yo, comía tierra. Estos niños a los dos años pueden manipular una pc de mesa, yo, revisaba cajones de muebles viejos. No son los mismos tiempos, no son los mismos pequeños: hoy más que ayer necesitan la comunicación, pero no sólo como herramienta para discutir o defenderse, también para aprender a hacer que las palabras les permitan soñar, viajar, irse lejos, conocer personajes, escuchar, comprender otros mundos.

Estoy hablando claro del futuro lector/a. Y estoy hablando de estimularlos cuánto antes, de arrimarlos a los libros en la primera etapa de su vida, los libros deben formar parte de sus juguetes, dormirán con sus ositos, estarán siempre cerca y serán otra forma de diversión descubrir sus colores y sus formas y texturas.

El trabajo de animarlos temprano a este estímulo debería venir de casa, de la familia, no de una pantalla. No creo que las pantallas sean enemigas, seguramente serán sus aliadas con el tiempo, pero las primeras canciones o nanas, los primeros relatos orales, necesitan afecto y las pantallas, por ahora, no pueden dárselo.

Resumiendo, el contenido, cuando antes se acerque a todo niño y niña a la escritura, la música y otras formas de arte, serán más propensos a pensar, cuestionar, ilusionarse, soñar y tendrán, además de un mundo interior más rico, la posibilidad de ser buenos lectores y destacarse también en la escolaridad.

Brindemos a los más pequeños el encanto de mirar libros, enseñarles a canturrear, rimas y juegos de palabras como parte de su crecimiento, de sus juegos, de esa manera quitaremos el miedo en la escuela, en las aulas y en las bibliotecas. Quitaremos el mito de que los libros no se tocan, o que los tocan sólo los inteligentes. Los libros se pueden tocar, morder, tirar, abrazar, jugar. Los libros son un derecho de todos para todos.

Maria Luisa de Francesco. Experta en LIJ y Animación de Lectura.

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